LA ECOLOGIA Y EL BUDISMO DESDE EL PUNTO DE VISTA DE UN OCCIDENTAL


No hay nada que surja por casualidad, todo se debe a causas y condiciones. Si cambiamos de lugar nuestra mente también cambia, si cambiamos de un grupo de personas a otro grupo, también cambia nuestra mente. Debemos aceptar esta realidad y adaptarnos flexiblemente a los cambios, aunque tengamos siempre una línea estable.
Después de esta reflexión, también se puede decir, que si el entorno que nos rodea es puro y sin contaminar, nuestra mente también funcionará de forma más clara, más sensible y más armónica.
Creo que todos hemos experimentado esto alguna vez. Cuando hemos llegado a preciosos lugares en el que los espacios abiertos, el cielo azul, los pájaros, las flores, el verde de los prados, la enormidad de las montañas, nos han inspirado a potenciar nuestras buenas cualidades y nuestro interior. El efecto es inmediato para muchas personas, otros necesitan más tiempo y les lleva días experimentar esa apertura interior, pero la apertura siempre surge de forma natural.

Así tenemos una enorme responsabilidad de defender a nuestro entorno natural. Nuestros actos afectarán enormemente a los que nos rodean y a las generaciones futuras. Su felicidad futura, depende de nuestro respeto ya desde hoy a la naturaleza. SS. El Dalai Lama, escribe respecto al Tíbet: "La influencia del budismo y los rigores de la vida en los espacios abiertos y de un entorno sin contaminar, germinaron en una sociedad dedicada a la paz y la armonía".
Al ir a un lugar retirado, en plena naturaleza y de grandes dimensiones, además de la apertura interior, hay el efecto de sentirse uno mismo pequeño, de concienciar que somos poco y mucho respecto a la enormidad de dimensiones de la naturaleza, que estamos en manos de fuerzas superiores. Esto nos produce a veces una sensación de desesperanza inicial, que según Gyetrul Yikme Rimpoché, es positiva pues nos conduce, tras tocar fondo, a tomar con fuerza una determinación vital de ser mejores y pensar más en los demás.

Así con el respeto hacia la naturaleza y nuestro entorno, comenzaremos a valorar más las cosas pequeñas, a dar menos importancia al consumismo y a no cambiar de coche cada poco a poco por ejemplo. Para poder crear el coche destruimos con el inmenso gasto energético muchísimos recursos naturales. El contacto con la naturaleza nos potencia nuestra capacidad de renuncia, necesaria en el camino budista, y nos aporta un infinito campo de buenas sensaciones, un soporte externo a nuestras meditaciones y un sentimiento cálido que nos une y nos hace respetar a toda la humanidad.

De la misma manera si meditamos en casa y dedicamos los méritos a favor de la naturaleza, ésta se verá mejorada. Especialmente pienso que la meditación en Tara Verde, puede cristalizar en que la naturaleza se conserve mejor y lleguen bendiciones a través de ella.


Martín García (Thupten Chophel).


http://www.shambalavigo.org/ecologia2.htm

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