domingo, 16 de agosto de 2015

LA SOPA AMARILLA: TRANSPLANTE DE HECES.




  Un trasplante fecal consiste en la infusión de una suspensión de heces procedentes de un individuo sano en el tubo digestivo de un enfermo. Recibe diversas denominaciones, como reconstitución de la flora fecal, transferencia de microbiota intestinal, bacterioterapia fecal o repoblación fecal, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, la más correcta es trasplante de microbiota fecal (TMF) pues se trata de un verdadero trasplante o injerto, es decir, traslado e implante de un órgano o fragmento de tejido vivo desde un donante a un receptor para reparar una lesión.
 UN POCO DE HISTORIA
   El concepto de TMF no es nuevo. Tenemos que remontarnos al siglo IV, durante la dinastía china Dong-jin, cuando el médico Ge Hong describió la administración oral —por boca, has leído bien— de una suspensión de heces humanas en pacientes con intoxicación alimentaria o diarrea severa. Los resultados que obtenía eran considerados milagrosos por rescatar enfermos de una muerte casi segura, y aparecen descritos en el primer manual chino de medicina de urgencias, Zhou Hou Bei Ji Fang. Más adelante, en el siglo XVI, durante la dinastía Ming, Li Shizhen describió en el libro de medicina tradicional china Ben Cao Gang Mu (Compendio de Materia Médica), la prescripción de suspensiones fecales (fermentadas o frescas) y heces secas para el tratamiento de enfermedades abdominales que cursan con diarrea, fiebre, dolor, vómitos y estreñimiento. Por motivos estéticos, los médicos rotulaban estos preparados como “sopa amarilla”.

MEDICINA_TRADICIONAL

   En el siglo XVII, el médico italiano Fabricius Aquapendente se refería a este tipo de terapia como transfaunación y lo utilizaba en veterinaria. La siguiente referencia sobre TMF no es hasta 1958 cuando Eiseman y colaboradores lo llevan a cabo en cuatro pacientes con colitis pseudomembranosa.

CÓMO SE HACE UN TRASPLANTE FECAL

   Sobre el donante. En la mayoría de estudios el donante es un pariente cercano (cónyuge, pareja o miembro del núcleo familiar). Pero también puede ser cualquier persona sin relación de parentesco. El requisito obligatorio es haber superado ciertas pruebas de despistaje, entre las que se pueden mencionar: ser seronegativo para sífilis, hepatitis y SIDA; ausencia de parásitos, rotavirus y otros microorganismos en heces. Tampoco han debido tomar antibióticos en los últimos meses.

   Cómo se prepara la muestra para el injerto. Hay que preparar una suspensión de las heces en una solución salina. Para facilitar la preparación de la suspensión a partir de heces de consistencia normal, se recurre al empleo de una batidora. (Algunos médicos piden a los pacientes que traigan su propia batidora. Otros son más generosos: el hospital tiene una y simplemente se esteriliza después de cada uso.) Otra posibilidad es administrar al donante un laxante leve; en tal caso se pueden mezclar a mano. Sea como sea, se puede refrigerar pero no congelar. Por último, se filtra o cuela y se introduce en una jeringa conectada a un catéter.
   Cómo se hace el trasplante. Las heces del donante pueden depositarse en el tramo superior del tubo digestivo, o bien en el inferior. Para el primer caso, se puede usar una sonda nasogástrica o nasoentérica. Para el segundo, un colonoscopio o un enema. Cada uno de estos métodos tiene ventajas y desventajas. El colonoscopio permite depositar volúmenes mayores en cuestión de minutos. Las sondas, en cambio, obligan a administrar volúmenes menores y de forma más pausada para evitar naúseas y vómitos. El enema lo puede emplear el propio paciente.

   Sobre el receptor. Independientemente de si recibe la muestra en la parte superior o inferior de su tubo digestivo, el receptor debe someterse a un exhaustivo lavado intestinal, con el objetivo de eliminar microbiota autóctona. En caso de que estuviera tomando antibióticos, debe dejar el tratamiento. Horas antes del procedimiento se le administra un antidiarreico (loperamida) con idea de retener la suspensión fecal durante 4 horas al menos, 6 a ser posible.

ENFERMEDADES EN LAS QUE SE HA PROBADO O ESTÁ INVESTIGANDO EL TMF
  Obviamente, estos trasplantes se emplean en patologías gastrointestinales, como infecciones por Clostridium difficile, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa y síndrome de colon irritable. Los porcentajes de remisión que se logran con la terapia en estas patologías suele ser bastante elevado, según las revisiones sistemáticas publicadas. También se ha descrito algún caso de todo lo contrario: el TMF ha producido efectos adversos o un efecto nulo en estudios con enfermos de Crohn.
 Lo que quizás no sea tan evidente es que también se está investigando el uso de los TMF en enfermedades que no son gastrointestinales.
 Esto fue algo que surgió por casualidad en un paciente afectado de colitis ulcerosa y púrpura trombocitopénica idiopática (enfermedad que nada tiene que ver con el intestino) que remitió de ambas enfermedades tras ser sometido a TMF. Y tres pacientes con esclerosis múltiple que se sometieron a TMF para tratarles el estreñimiento crónico no sólo consiguieron defecar sino que sus síntomas motores mejoraron hasta el punto de ser capaces de caminar. Hay que tener en cuenta que muchas de las enfermedades no gastrointestinales de esta categoría cursan con una alteración de la microbiota intestinal, como la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD, por sus siglas en inglés), la diabetes, la obesidad, el autismo y otros trastornos neuropsiquiátricos.

   Ojo, los TMF no son la panacea, no van a curarlo todo; como mucho contribuirán a mitigar la sintomatología de ciertas patologías. Pero, quién sabe si dentro de un tiempo las compañías farmacéuticas elaborarán cápsulas de heces liofilizadas. O, como nos cuenta el dietista-nutricionista  Juan Revenga, los bancos de heces serán algo normal en los hospitales.


Referencias
Brandt LJ, Aroniadis OC. An overview of fecal microbiota transplantation: techniques, indications, and outcomes. Gastrointest Endosc 2013; 78: 240-249.
Brandt LJ, Aroniadis OC, Mellow M, Kanatzar A, Kelly C, Park T, Stollman N, Rohlke F, Surawicz C. Long-term follow-up of colonoscopic fecal microbiota transplant for recurrent Clostridium difficile infection. Am J Gastroenterol 2012; 107: 1079-1087.
Vrieze A, de Groot PF, Kootte RS, Knaapen M, van Nood E, Nieuwdorp M. Fecal transplant: A safe and sustainable clinical therapy for restoring intestinal microbial balance in human disease? Best Pract Res Clin Gastroenterol 2013; 27: 127-137.

Zhang F, Luo W, Shi Y, Fan Z, Ji G. Should we standardize the 1,700-year-old fecal microbiota transplantation? Am J Gastroenterol 2012; 107: 1755-1756.

No hay comentarios: