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HETERIA SOTERIOLOGICA.


Figura antropológica mediante la cual se pretende definir aquella especie particular de corporaciones, cofradías, colegios o comunidades cuya materia sea tal que, de algún modo, pudiera decirse de ellos que tienen como función principal la salvación del individuo en cuanto persona –una salvación que puede tomar eventualmente la forma de curación de un individuo que se considera dolorosamente «enfermo», no ya en alguna porción de su cuerpo, sino en el núcleo mismo de su personalidad, pero que también puede tomar la forma de un método para recuperar el camino personal perdido.
No se nos oculta, en todo caso, que el significado nuclear del término «hetería» (Etairía, aç, h>) sin adjetivos, no es este. El significado fuerte –el de la época clásica griega, de los siglos v y iv, y aún posteriores– es el de una asociación política, un «club» político, como suele decirse, con frecuencia secreto o semisecreto (sus estatutos, por tanto, no fueron hechos públicos jamás), constituido con fines más o menos precisos –desde la conquista del poder personal en la época de las tiranías, hasta el control de la Asamblea, a efectos legislativos o procesales (facilitando, por ejemplo, testigos al socio), en tiempo de la democracia (que las declaró ilegales). En la época de las tiranías, casi cada pretendiente al poder personal estaba en la cumbre de una hetería –y ésta era denominada según su presidente o caudillo, a1rchgóç twn etairiwn (Xen. hell. v, 2, 25). Así Aristóteles nos dice (Política 1313b) cómo Lisandro se apoyó sobre las heterías. Herodoto (v, 71) nos informa, hablándonos de los alcmeonidas, de la hetería organizada por Filón. Y Tucídides (viii, 54) nos dice que Pisandro «se puso en relación con todos los círculos políticos [xunwmosíaç, voz que suele traducirse por «sociedad secreta», «club político» o «hetería»] anteriormente establecidos en la ciudad, para controlar los procesos y las magistraturas, recomendándoles la unión y que, concertados en común acuerdo, derrocaran la democracia.» Y todavía más tarde, ya dentro del Imperio Romano, sigue siendo un «estilo griego» (sobre todo en Bitinia, Magnesia o Alejandría) el «hacer política por medio de hetería, kaq etaireíaç politeuesqai. Sin embargo, también es verdad que las heterías no tuvieron siempre este sentido estricto –relativamente– que conviene al concepto de «grupo de presión» o «club político». En efecto, hay otros usos, interesantes para nosotros, según los cuales la palabra hetería designaba a una asociación amistosa, una sociedad más o menos organizada, cuyos ètaîroi, como a menudo los Íiloi, o los sunhdeiç, honran a un miembro con una estatua, o le dedican una lápida. En un caso, es designada como étaireia, una sociedad cultural, cuyo decreto constitucional se conserva: es la étaireia twn Sambatistwn, en cuya cúspide estaba un sunagwgwuç. Análogamente, la érgastwn étaireia te kai sunergasia en Nikopolis. Muchos historiadores consideran como heterías no sólo las comunidades pitagóricas (a veces con la connotación fuerte de «club político» secreto: así E. Minar), sino también a otras asociaciones de filósofos presocráticos (Diels cita a Parménides). Precisamente estas «asociaciones de filósofos» pueden proponerse como ejemplos de heterías que no siendo meramente asociaciones amistosas, con fines puramente privados, tampoco podrían considerarse como grupos políticos (en el sentido fuerte de la hetería de Pisandro o de Cilón) salvo que se mantenga una óptica radicalmente politicista. Porque en estas asociaciones había que destacar también otros objetivos espirituales dentro de los cuales los objetivos políticos pueden aparecer, sin duda, como un trámite indispensable, pero no como el fin principal; manifestándose, en cambio, como una característica permanente y consustancial a la asociación la relación de amistad y fraternidad entre los socios, relación que comportaba no sólo el convivium (Etairía, aç, h1) sino también a veces el connubium fuera del recinto de la familia (Etairía, aç, h1, amiga, meretriz).
Lo esencial de las heterías soteriológicas, en el plano sociológico, sería lo siguiente: constituirse como una asociación, cofradía o colegio de individuos relacionados entre sí (existe una nomenclatura interna) ya vivan bajo un techo común, ya vivan bajo techos familiares propios, que asume la misión de salvar a los individuos (a quienes se supone extraviados, a escala precisamente antropológica, de personalidad) de su entorno (un entorno que se da precisamente como indefinido, respecto de los límites políticos y, desde luego, familiares, en función de los cuales se define).
Nuestro concepto de hetería soteriológica no habrá de ser tan laxo que pueda aplicarse a cualquier asociación de la que, en cualquier circunstancia, pudiera decirse que tiene como objetivo la salvación de los hombres (en un sentido también indeterminado, desde el punto de vista formal), porque, en este supuesto, toda corporación podría ser considerada de algún modo como hetería soteriológica, dado que toda corporación está instituida para salvar de algo a alguien –la horda cazadora paleolítica salva a sus miembros de los ataques de las fieras; las logias de los masones especulativos serían heterías soteriológicas en cuanto tienden a salvar a sus socios, y aun a la humanidad entera, de la superstición y del fanatismo.
Ejemplos de «heterías soteriológicas» según el concepto propuesto son: la escuela pitagórica, el Jardín de Epicuro y, en la época moderna, el movimiento psicoanalítico. {BP13 20-21 / → BP13 26-39

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