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NECESITAMOS DE LA CIENCIA PARA SUSTENTAR LA VIDA Y EL PLANETA





Por José Mujica


Necesitamos un conocimiento científico que sea propiedad de toda la humanidad y que esté al servicio de ella, es decir de todos los pueblos, afirma en esta columna el ex guerrillero y presidente de Uruguay, José Mujica.

MONTEVIDEO, 23 ago (Tierramérica).- Nos ha tocado vivir un tiempo de aprendices de brujo. Hemos puesto en marcha una civilización que logró mejorar la vida de muchísima gente, pero tal vez apresuradamente. No podíamos medir las consecuencias de tantas cosas que estábamos haciendo en el planeta.

Esta nave con la cual andamos por el universo tiene sus propias complejidades y ahora estamos aprendiendo, con dolor, que tenemos que modificar muchos aspectos de nuestro comportamiento para que la Tierra se mantenga sustentable. Esto es indispensable para el sostenimiento de todas las formas de vida, y con ello, la nuestra.

No somos tan poderosos ni tan sapientes como a veces creemos. Los juegos profundos de interrelación de la naturaleza y de las actividades humanas entrañan una hondura de misterios.

Tenemos que agradecer en primer término a los científicos que han dedicado su vida a indagar los secretos de la naturaleza. Esta dedicación sólo puede explicarse por una pasión por la causa humana.


Hoy en día, nadie puede desentenderse de los desafíos de convivir y hacer sustentable el ambiente. Todos somos responsables. Sin embargo, existe una responsabilidad mucho más grande de aquellos que primero accedieron a los dones de la civilización moderna y contemporánea.
Pero esta no es una causa nacional, es una causa universal. Ningún país, por poderoso que sea, puede asegurar la continuidad de lo que está en juego.

Por eso los acuerdos de carácter mundial son cada vez más necesarios. Deben poder contar con la fidelidad de su cumplimiento por parte de todos los integrantes de la comunidad mundial, con sustentabilidad de recursos, con una preocupación latente pero organizada, y especialmente con un trabajo concertado de hombres y mujeres de la ciencia para hacer frente a desafíos como el de una gran ampliación del extensionismo agrícola.

Hoy sabemos muchas cosas que deberíamos hacer, pero que no sabemos aplicar en masa. Por ello, educar y formar gente es decisivo. Necesitamos investigar mucho más y elaborar un tipo de conocimiento que sea propiedad y que esté al servicio deliberado de toda la humanidad, es decir que sea accesible a todos los pueblos.

En esta parte de América tenemos desafíos que bien valdría la pena investigar en profundidad. Por ejemplo, nos hace falta saber mucho más sobre el ciclo del fósforo; no sólo nos envenenamos con mercurio, tenemos también graves problemas de plombemia y de otros contaminantes tóxicos.


Esto sucede en esta región del mundo donde se halla una de las grandes reservas agrícolas y alimentarias de la humanidad y donde tendremos que duplicar la productividad para responder a la creciente demanda mundial de alimentos. Sin embargo, la forma de fertilización que aplicamos es impropia para respetar el ambiente. Y no sabemos dominar todavía vastísimos fenómenos de nutrición vegetal.


En este momento, Uruguay tiene en el horizonte la angustia de lo que pase o no pase en el lejano océano Pacifico. Un fenómeno como el del El Niño puede repercutir en este país con una eventual sequía, y esto sucede cada vez con más frecuencia.

Necesitamos que la ingeniera genética nos permita desarrollar vegetales mucho más resistentes a la sequía. Pero todavía no tenemos la capacidad de hacerlo. Debemos trasladar a las grandes gramíneas la resistencia que tiene el sorgo, pero tampoco sabemos hacerlo. Esas respuestas las debe proporcionar una investigación al servicio de la humanidad. Y no se trata de un sueño, pues es perfectamente posible.

El extensionismo agrícola es fundamental, pero insuficiente. Hay que incorporar la investigación intensiva, no sólo con un sentido de actualidad, sino también para prever lo que va a venir. Para eso necesitamos de la ciencia.

Todos estos esfuerzos tienen que ver con sustentar el ambiente para que la humanidad pueda mantener y mejorar su vida, siempre con conciencia social, por lo menos en este continente, que es uno de los más ricos en recursos naturales, pero es también el más injusto de la Tierra porque distribuye mal los frutos de su riqueza.

Y la vida nos ha enseñado que cuando hay penuria, los sectores más débiles de la sociedad son los que terminan pagando.



* José Mujica es presidente de Uruguay. Derechos exclusivos IPS.

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