martes, 17 de enero de 2012

EL SUJETO Y LO SINIESTRO.

Si cruza delante de un espejo, tenga cuidado, puede que vea en el cristal reflejado el rostro de su asesino. O al menos tiene un 50% de posibilidades de que el rostro familiar que aparece en el espejo sea quien le de muerte. Eso es lo que se deduce de los datos de un reciente informe de la OMS sobre las causas de muertes violentas en el mundo


(http://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/overview.pdf),. Según el organismo internacional, más del cincuenta por ciento de las muertes violentas ( 1,6 millones al año) son suicidios , un 35 % agresiones y solo un 11% son debido a las guerras. Nos matamos mucho más que nos matan. Cada uno de nosotros es mucho más peligroso para sí mismo que el Pentágono, los fundamentalistas, el cartel de Medellín o los asesinos en serie. Con estos datos en la mano deberíamos revisar seriamente todo nuestro sistema de seguridad. Menudo problema: ¡protegernos de nosotros mismos¡.

Olvídense pues de tener miedo a los callejones oscuros, a los campos de batalla, a los barrios sin ley, a los cementerios; miedo, lo que se dice miedo, ante los espejos, en la soledad de la habitación solos… En fin, miedo, ante la presencia inquietante de de nuestro yo solitario. Por eso, feliz y bienaventurados aquellos que no se encuentran nunca. Aviso: por favor, aquellos otros que todavía se están buscando que cesen el dispositivo, mejor así, no sea que se encuentren con el 52 % suicida.

La ironía no debe hacernos olvidar la gravedad que transmiten estos datos. En una sociedad del aislamiento, de la privatización , donde no hay otra cosa que “yo” y el “yo” también es una cosa: ¿A quién se puede asesinar sino a la única cosa que hay y que no es otro que la cosa misma que soy “yo”?. Hay un capitalismo cognitivo que comenzó con el interiorismo subjetivista de San Ignacio, mucho más importante en el nacimiento de la no-ética capitalista que el escriturismo de Lutero, y que ha devenido en este individuo consumidor de mercancías cuya mercancía fundamental es la subjetividad del individuo mismo.

El nihilismo de los suicidas opera como una trágica metáfora del suicidio colectivo que nos anuncia la crisis ecológica. Y al igual que la advertencia suicida, debemos reconocer que en la devastación ambiental , somos nosotros y nuestra forma de vida nuestra principal amenaza La ruptura con el capitalismo (consumismo) cognitivo implica una estrategia de nueva alianza con la realidad. La apertura hacia los otros (lo social) y hacia lo otro (la animalidad y la naturaleza), hacia el devenir (los que fue y los que será) hacia los próximos y hacia los lejanos, hacia la tierra entendida esta como el planeta y como el suelo que pisamos.

“Nadie sabe lo que puede un cuerpo” decía Spoza. Volver al cuerpo, a las cosas, a los otros, al nosotros, a la diferencia y al reconocimiento. Olvidar la imagen, la copia, el espíritu y tantos otros fantasmas del dinero y la mercancia. Esto implica retomar la lógica del límite pues no hay nada material que no tenga límites. El delirio del crecimiento infinito, de la demanda agregada insaciable, del alma inmortal o del Dios omnipotente , no tiene límites. Pero el cuerpo, la sociedad, la vida, la realidad. si.

Freud usó el termino alemán “unheimlich” para designar lo siniestro. Este término es el antónimo de “heimlich”. Aquello es al mismo tiempo familiar, íntimo, amable; pero también lo secreto, lo oculto, lo impenetrable. El nihilismo del yo” individualista y atomizado es la viva imagen de lo siniestro de la cultura capitalista del consumo. El nihilismo suicida es el acto de manifestación de lo siniestro del sujeto consumista y solipsista. Detrás de las luces neón de la publicidad, del brillo de la imagen, del sexo congelado en la pantalla líquida aparece lo siniestro: el “yo” aislado y autodestructivo.

La tensión esencial entre principio del placer y principio de realidad, que nuestra especie ha anudado, por medio de un complejo equilibrio cultural, ha sido rota por el capitalismo cognitivo; solo queda el principio del placer. Para la subjetividad consumista no hay principio de realidad. Cuando Neil Postman escribió aquello de “divertirse hasta morir”, en su libro sobre la televisión y el “show business”, describió la hoja de ruta que cumple miméticamente el suicida

El capitalismo cognitivo nos ha enseñado sólo a vernos y a sentirnos al proyectarnos sobre las cosas manufacturadas como mercancías. El hastío y el absurdo amenazan esta forma compulsiva de antropofagia reflexiva. El yo amputado de la animalidad y de la sociabilidad queda a merced de la compulsión, de la pasividad o de la violencia . El hastío de una vida fuera de la vida (naturaleza) y el absurdo de un forma de ser (aislado) fuera de nuestra forma de ser (social) marcan el protocolo cognitivo que conduce a que ese rostro familiar ( siniestro) que nos mira desde el espejo , nos asesine.

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