martes, 16 de noviembre de 2010

SARTRE Y CAMUS LA HISTORIA DE UNA ENEMISTAD



El Bogart literario Jean-Paul Sartre y Albert Camus se conocieron en junio de 1943; en menos de diez años se separarían para siempre en condiciones irreconciliables. El primer encuentro, según Simone de Beauvoir, fue durante el estreno de la obra de Sartre "Las Moscas". El argelino, que se encontraba atrapado en Francia debido a la ocupación nazi, se acercó a Sartre y se presentó él mismo. Para entonces ya Camus era una figura pública, "El Extranjero" había sido publicado el año anterior y "El Mito de Sísifo" llevaba ya un par de meses en las librerías.
Sartre por su parte ya era conocido tanto por su activismo político como literario. Pero la relación entre ambos, que comenzó por afinidad intelectual y política, al igual que la Guerra Fría que estaba por desencadenarse y que eventualmente terminaría distanciándolos, se agotó cuando ambas partes empezaron a evolucionar por caminos diferentes.

Tanto Camus como Sartre eran militantes de izquierda, pero con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las posibilidades de acción frente a un futuro que se presentaba abierto, los colocó en lados opuestos de lo que en apariencia era lo mismo. Y a medida que cada uno empezó a apoyar su frente ideológico, ocurrió un enfrentamiento histórico en el que Sartre justificaba la violencia inherente a la revolución social y Camus se oponía a ella. Diferencias filosóficas mutaron en enfrentamiento político. En 1952, ambos autores rompieron relaciones y no volvieron a hablarse jamás.
Sartre, quien se había convertido al Comunismo (aunque nunca se asoció al partido), le insistía a Camus (quien militaba en el Partido Comunista desde sus días en Argel) que para revolucionar el orden de las sociedades humanas, era obligatorio que ellos, como intelectuales, se ensuciaran las manos. Camus le respondió que él no quería ser "ni víctima ni verdugo", separándose de la doctrina soviética y acusando a Sartre de que sus intenciones de obligar a los artistas a comprometerse a expresar sus ideologías políticas, eran algo -cuando menos- esclavista.

En teoría, la discordia entre Sartre y Camus era filosófica. Las preguntas de si la Historia lo era todo o era sólo un aspecto del destino humano; o si la Moral era una esfera autónoma o si estaba inexorablemente ligada "al desenvolvimiento histórico y la vida colectiva", formaron parte del duelo entre ambos autores. Pero en la práctica y para el público en general, las diferencias se debatían en el más mundano campo de la política.

Sartre creía fervientemente en el modelo social estalinista, admitiendo que aun con la falta de libertades, el terrorismo de estado y la ausencia de garantías constitucionales, el proyecto era moralmente superior al Capitalismo. En cambio Camus, creía que la existencia de estas condiciones convertían al Socialismo en un sistema tan condenable como el sistema explotador capitalista.

A pesar de ser casi de la misma edad, Sartre había saltado a la vida pública antes que Camus, por lo que la influencia fue en principio unidireccional. Con Camus enterándose de la vida del filósofo en 1938 tras la publicación de su primera novela "La Nausea".

Entonces Camus ya había publicado dos libros de ensayos "El Revés y el Derecho y Bodas", mientras trabajaba como reportero para un periódico izquierdista argelino, desde donde desmenuzaba con sus críticas la nueva literatura que llegaba a sus manos desde el exterior.

Camus era un lector apasionado, y al leer "La Nausea", fue inmediatamente impresionado por el talento de Sartre. "La Nausea" trata sobre la vida íntima de Antoine Roquentin, un intelectual que escribe la biografía de un marqués de la Revolución Francesa. Roquentin siente nauseas cuando experimenta el absurdo normalmente escondido detrás de sus rutinas diarias, condición que Sartre logra extrapolar con éxito a la vida mundana de una burguesía en crisis existencial. Sin embargo, Camus consigue en la novela algunos errores de fondo que más tarde se harían más evidentes.


En su crítica Camus explicó que "una novela no es sino filosofía expresada en imágenes", y sin ahorrar palabras elogia las reflexiones de Sartre y al mismo tiempo critica su prosa por débil. Por sí solos, cada uno de los capítulos del libro, escribió, "alcanzan una clase de perfección en amargura y verdad."; pero por separado ".la descriptiva y los aspectos filosóficos de la novela no suman una obra de arte: el paso de uno a otro es demasiado rápido, demasiado desmotivado, para evocar en el lector la profunda convicción que hace el arte de la novela".


Aunque corrosivo, Camus objetivamente supo apartar estos defectos de forma de las ideas escondidas detrás de la pobre distribución del libro. Por lo cual escribió más tarde que "La Nausea" fue el libro que "rompió con su balance entre sus teorías y su vida" y al final de su crítica exige de Sartre una evolución donde se amplíe su propuesta, describiendo al autor como "un escritor de quien cualquier cosa debería esperarse. una mente vigorosa y original cuyas lecciones y trabajos por venir estamos impacientes por ver".


Da la impresión que a Camus, en realidad no le gustó mucho "La Nausea". Empezando por la falta de balance entre ideas e imágenes, y terminando por su "pesimismo" e incluso la pedantería del autor. Pero ya en este primer episodio de su relación, Camus revelaría una capacidad de abstracción y apertura mental de la que carecía el pensamiento radical de Sartre, lo cual llevaría al primero a tomar la misma actitud que asumió años más tarde.


Pero no sin antes utilizar la obra de Sartre a su favor como experiencia vital propia. Salvando las diferencias entre ambos, en "El Extranjero" se evidencia rápidamente cómo los personajes -a diferencia de los de "La


Nausea"- vibran con intensidad humana, haciendo su ficción más madura; que no se aleja de la realidad del lector o la filosofía del autor; quien no pretende imponerla como único punto de vista.


Después de criticar "La Nausea", Camus tuvo la oportunidad de saborear ese mismo año un nuevo libro de Sartre, "El Muro", que a diferencia del anterior, fue de su completo agrado, llegando incluso en su crítica a escribir que le había sido imposible dejar de leerlo una vez que lo había comenzado.


No se sabe si Sartre leyó algunas de las dos críticas de Camus antes de conocerlo, pero tras la publicación de "El Extranjero" este le dedicó 6000 palabras donde comparó a Camus con Kafka y Hemingway -dos de sus escritores predilectos-, por las mismas razones que Camus le había criticado anteriormente, describiendo el libro como "talentosamente organizado. donde no existe un solo detalle innecesario."

Obviamente Sartre estaba asombrado con la capacidad narrativa de Camus, capaz de describir un rango de sentimientos con pocas palabras, de hacerse entender sin necesidad de elaborar demasiado. Pero pronto esta sensibilidad empezaría a sonarle a superficialidad y a ataque personal, cuando Sartre leyó su segundo libro, "El Mito de Sísifo".
"No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio" escribió Camus en "El Mito de Sísifo". "Juzgar que la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía." La respuesta sencilla que millones de seres humanos habían dado al problema existencialista negaba el valor de la discusión del tema y apoyaba su teoría de que nada podía evitar el absurdo de la vida.


Sartre se tomó las opiniones de Camus a pecho, pues había estudiado esta escuela de pensamiento de una forma tan sistemática que toda su vida la vivió de acuerdo a estos preceptos, donde el absurdo de la naturaleza del ser, es el mismo absurdo de "El Mito de Sísifo"; pero por razones de óptica, ambas conclusiones terminan difiriendo completamente.


Criticando a "Sísifo", Sartre escribió de Camus que este en realidad no había entendido la escuela que él representaba. "Camus se luce un poco citando pasajes de Jaspers, Heidegger y Kierkegaard, quienes -por cierto- él no siempre parece haber entendido." Y en un giro asombroso llega a denigrar del valor de los estudios de Camus en Argel.


Camus lógicamente reaccionó con asombro ante Sartre, quien no había podido entender el valor de una crítica que para él había sido constructiva y que estaba basada en un trabajo que le había inspirado a seguir con el suyo. En una carta a otro escritor se pregunta confundido: "Yo veo que la mayoría de sus críticas son justas, ¿pero por qué el tono ácido?". Quizás experimentando por primera vez la disección en frío de su trabajo por uno de los filósofos más importantes del siglo XX, tal como este había sufrido lo mismo a través de quien no sería mucho menos.


Sin conocerse aún, Camus y Sartre ya empezaban a tener las diferencias ideológicas, sutiles, pero profundas, que también definen las posturas que dentro de la izquierda ambos tomarían más tarde. Entre las ideologías de centro izquierda y de izquierda, entre Socialismo y Comunismo-autocrático. Pero la crítica de Sartre no careció de motivo.


En "Sísifo" Camus sutilmente plantea la carrera de Sartre como la de un novato, refiriéndose a él como ese "escritor de hoy en día", en contraposición a grandes pensadores existencialistas como Nietzsche, Schopenhauer, Heidegger y Jaspers. Lo cual debe haber sido una sorpresa para Sartre, a quien Camus había sido descrito poco antes como "un gran escritor".

Camus tenía razón en algunas de sus críticas a Sartre, pero el problema principal fue verlo como lo que era, un filósofo. Ambos escribieron grandes obras filosóficas y de ficción pero el primero lo era más que el otro, con Sartre trabajando en base a teorías y principios generales, tomando el absurdo como el comienzo de una obra que en cinco años, el tiempo entre "La Nausea" y "El ser y la nada", exploró cómo las actividades humanas constituyen un mundo de significativo existencialismo brutal y sin sentido. Camus por su parte, era principalmente un novelista, quien estaba más cómodo describiendo situaciones concretas, que descubriendo sus orígenes.

Sin embargo es difícil verlos a ambos como seres tan diferentes. Mientras Sartre clamaba por el activismo que Camus criticaba, fue este último quien en realidad arriesgó el pellejo participando en la Resistencia Francesa, mientras Sartre se dedicó a publicar artículos casi al final de la ocupación que en realidad fueron escritos por Simone de Beauvoir. Mientras Sartre se negó a condenar las purgas antisemitas en Checoslovaquia y la Unión Soviética, Camus hizo lo propio al condenar el colonialismo francés, pero sin ejecutar acción alguna que produjera cambios.

En el nuevo libro del académico estadounidense Ronald Aronson, "Camus and Sartre: The story of a friendship and the quarrel that ended it", el autor hace un gran trabajo reconstruyendo el desarrollo de la relación entre ambos, que es comparable con el choque de ideas entre Simón Bolívar y Francisco de Miranda. Correctamente, Aronson deja ver la relación Camus-Sartre como lo que fue, una tragedia, en la cual cada lado estaba "medio en lo cierto y medio equivocado" afirmando que una posición ideológica justa sería un híbrido entre ambas, aunque dejando ver su opinión personal al afirmar que la visión de Camus sería la más adecuada de ambas.

Diferencias filosóficas por un lado y políticas por otro, separaron a Camus y Sartre, pero detalles descubiertos por Aronson dejan ver que tal vez su relación iba más allá del interés intelectual, lo cual apresuró la separación de ambos titanes literarios.

"Sartre y Beauvoir se reunían alrededor de lo que conocían como una 'famille'," explica el periodista nortemericano Richard Polt sobre la relacion Camus-Sartre "cuya mejor traducción es "comuna", y que algunos han descrito como harén, en la que todas las combinaciones heterosexuales posibles fueron agotadas inspirando, por cierto, "Los Mandarines" de Beauvoir."

"Bueno, todas las combinaciones menos una; Camus rechazó los avances de Simone de unirse a la fiesta...que no fue la única vez en esta historia en la que Camus demostró tener mejor juicio que Jean Paul Sartre."


Gustavo Morales.


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