jueves, 10 de junio de 2010

ECOTOPÍA, UNA OBRA DE ERNEST CALLENBACH




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Sería una lástima que esta interesante obra pasase desapercibida en nuestro país, máxime cuando a los aficionados a la ciencia ficción viene a juntarse otra clase de posibles lectores que en principio son los más potencialmente interesados en ella: los que hacen de la ecología su preocupación diaria.
Ernest Callenbach concibió esta curiosísima obra hacia 1971, como el propio autor nos cuenta en un epílogo escrito especialmente para la edición castellana (que aparece simultáneamente en España y Argentina por convenio editorial), publicándose finalmente en 1975, tras muchos rechazos editoriales. En un principio no iba a ser propiamente una novela, sino una serie de reportajes ficticios en torno a un supuesto país ecológico. Cuando los leyó a sus amigos, algunos le aconsejaron novelizase un poco los reportajes a fin de ganar mayor interés y agilidad. Callenbach lo pensó, y así lo hizo, aunque, como manifiesta, no se considera novelista nato.
Ecotopía es un nuevo Estado formado en 1980, tras la secesión de California, Oregón y Washington del resto de los Estados Unidos. Los tres forman el nuevo país, con el nombre de Ecotopía. Sus nuevos gobernantes, hartos ya del estado actual de las cosas y la degradación del ambiente, deciden crear el estado ecológico ideal, con todas las reformas industriales, sociales y comerciales a que ello pueda dar lugar. Durante veinte años, el nuevo país ecotopiano ha permanecido herméticamente cerrado a cualquier relación diplomática o comercial con los USA, llenos sus habitantes de rencor y desconfianza hacia la que antes fuera patria común. (Más adelante nos enteraremos de que en los primeros años de Ecotopía hubo un intento de reconquista por parte del ejército, totalmente frustrado por los ecotopianos.) Al cabo, pues, de estos veinte años, se permite a un periodista americano especializado en cuestiones internacionales visitar el Estado durante varias semanas con el fin de escribir una serie de reportajes sobre la forma de vida ecotopiana, sus costumbres (que son todo un misterio para los americanos) y su economía. William Weston, el periodista, llega a Ecotopía con un total desconocimiento de lo que allí pueda encontrar y de lo que ha sucedido desde la secesión. La narración de la obra alterna los reportajes de Weston con las anotaciones particulares de su diario privado, que constituyen la parte de "acción" (por denominarla de alguna manera) de la novela. Weston está al principio desconcertado ante lo que va descubriendo, luego parcialmente admirado, extrañado, entusiasmado, asustado, recorriendo, en suma, toda una gama de emociones varias a medida que va descubriendo cada día nuevas cosas sobre el país y su gente. Ecotopía pretende ser una utopía a nivel ecológico y sus habitantes y gobierno no regatean esfuerzos en conseguirlo. Las medida drásticas aplicadas desde la secesión han purificado el aire y las aguas, cambiado los sistemas y procesos de fabricación, e incluso optado por otras materias primas diferentes a las del resto del mundo; toda clase de residuos son reciclados y aprovechados nuevamente. Por supuesto, no hay coches, sino tranvías eléctricos o bicicletas; las casas han sido abandonadas en parte, construyéndose otro tipo de viviendas no alienantes; todo lo que tenga relación con la naturaleza es objeto de primordial atención: repoblación forestal, cultivo de tierras, jardinería... Los cambios llegan incluso al campo de lo sociológico: la igualdad política del hombre y la mujer es un hecho (el presidente del Estado es una mujer); la liberación sexual es otro hecho; la jornada semanal es de 20 horas, lo que ha terminado de raíz con el problema del paro y además permite a los ecotopianos un mayor disfrute de su tiempo libre, para especializarse en cualquier actividad: música, letras, jardinería... Así, los cambios llegan a su vez a un plano psicológico: la manera de comportarse del ecotopiano medio es diferente a la de cualquier persona de cualquier país: son abiertos, amables, parlanchines, bromistas... Nunca tienen prisa por nada.
Pero Weston descubre que el paraíso también tiene sus fallos: los jóvenes se entregan periódicamente a una serie de rituales guerreros que los enfrentan violentamente entre sí. Los negros y las minorías raciales de San Francisco han creado sus propios Estados dentro de Ecotopia y no todas las reglas ecológicas se respetan allí. A pesar de ello, el sueño de Ecotopía sigue adelante.
Weston, como el lector puede suponer, se dejará ganar por este sueño (y por una mujer), decidiendo quedarse allí para siempre, al terminar su trabajo.
Aunque tenga sus fallos, puntos oscuros y partes no del todo satisfactorias, Ecotopía es una novela ciertamente notable (si es que de novela puede clasificársela), que se inscribe dentro de las grandes utopías de todos los tiempos, con personalidad propia al partir de una premisa de nuestro tiempo: la degradación del medio ambiente y el retorno a una forma de vida más pura, más natural. Ecotopía está, de hecho, a dos pasos de ser un libro de texto para cualquier experiencia en este sentido, por sus partes de reportajes ficticios (tal era, dijimos, la intención del autor al concebirla). Obra, en definitiva, que cabe considerar y tomar en cuenta, porque fácilmente puede convertirse en un clásico aunque sólo sea a nivel underground (donde, en estos momentos, parece estar ya encuadrada). Recomendamos vivamente su lectura a todos los interesados en la cuestión ecológica.
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