miércoles, 19 de enero de 2011

LA ENCRUCIJADA DEL TAITA.


Conmemorando los cien años del natalicio de José María Arguedas, la revista Variedades del diario Oficial El Peruano, publicó el 17 de enero el No 208 dedicado a José María Arguedas. De los múltiples artículos publicados por los más ilustres intelectuales peruanos merece nuestra atención el escrito por Pablo Macera que publicamos a continuación.

ESCRIBE: PABLO MACERA DALL'ORSO

ORALIDAD QUECHUAÑOL
Las narraciones de Carmelón Berrocal son uno de los mejores testimonios actuales de la heterogloxia conflictiva que define al Perú. Berrocal quiso escribir en forma paralela utilizando, por un lado, el español, y, por el otro, el quechua. Escribir –como hemos dicho– aquello que había sido registrado íntimamente en términos de oralidad. El resultado fue un espléndido quechuañol, donde la escritura era traspasada por la oralidad. Examinemos de cerca estas situaciones.1La heterogloxia (Ballón, 1989) describe mejor la situación peruana que los términos bilingüismo/multilingüismo. Es típica de escenarios donde concurren múltiples lenguas con relaciones variadas entre sí no exclusivamente bilaterales. No es una situación babilónica porque esta heterogloxia no produce necesariamente desentendimiento. Ninguna de las lenguas empleadas en el Perú (53 grupos amazónicos, variedades del quechua, aimara o castellano) es mejor que la otra, pero entre ellas existen relaciones de subordinación (Cornejo Polar) que derivan de una ventaja tecnológica diferencial al momento del encuentro-conflicto, puesto que una de aquellas lenguas (castellana) era ya, previamente, escrituraria y alfabetizada. De tal modo que, desde entonces, cuando las lenguas subordinadas del Perú han asumido la escritura de algún modo se han occidentalizado a través de esa configuración. 2 El prejuicio escriturario ha reducido la expresión artística de la palabra a lo que se encuentra exclusivamente asociado a la escritura y sólo piensa en términos de literatura; pero la expresión artística oral tiene su propia sistemática. La contradicción consiste en que la aproximación científica hacia la oralidad determina su alteración. Cuando el antropólogo, gracias a sus condescendientes informantes, graba un mito se convierte en un jíbaro, está efectuando una operación reductora y convierte en texto aquello que no fue preparado para serlo.3
AGENTES DE MEDIACIÓN
En ambos sectores –es decir al interior de la literatura como sistema de una lengua dominante y al interior de la oralidad como sistema de lenguas subordinadas (habladas por grupos sociales insubordinados)– existen zonas de contacto, aproximación, enfrentamiento, negociaciones, con obras, autores que operan como agentes de mediación. Es el caso por ejemplo de J. M. Arguedas, escritor escolarizado incluso con estudios superiores occidentales, quien escribió en quechua/ español (en quechuañol, ojalá).
En este contexto debemos incluir el significado y las funciones del quechuañol, que fue el sistema de comunicación empleado por Berrocal. El término quechuañol fue propuesto por el historiador cusqueño José Tamayo Herrera con un énfasis crítico negativo respecto al quechua empleado por Arguedas; este quechuañol –según Tamayo Herrera– es el habla de los mistis (mestizos) en la zona andina. Sin embargo, para otros testigos (Rodrigo Montoya) Arguedas hablaba un quechua impecable.
Quizás no hay contradicción entre las versiones Tamayo-Montoya. El quechua de Arguedas en sus narraciones era una ficción deliberada que no coincidía necesariamente con el uso personal cotidiano que él hacía del mismo idioma.
DIÁLOGO DE ZORROS
Antonio Cornejo Polar ha dicho que Arguedas es un personaje paradigmático de los migrantes andinos (como Berrocal), que han estado llegando a las ciudades costeñas del Perú, y que su obra fue una pelea verdaderamente infernal con la lengua.

Una pelea por su vida contra la muerte física, psicológica, cultural, social. Una pelea no tanto por la identidad sino más bien por la autoestima, la re-estimación colectiva. Una pelea que al final Arguedas creyó que había perdido precisamente porque tuvo la evidencia que podía haberla ganado. Esto significa lo siguiente: Arguedas podía elegir entre ser Guaman Poma o ser Garcilaso. Prefirió ser Garcilaso cuando en verdad le convenía ser Guaman Poma; y ceder a la oralidad, quedarse en la frontera de la insubordinación lingüística. Ojalá para el bien de sí y para todos que Garcilaso hubiera escrito quechuañol en el siglo XVI en vez de ser "la mejor prosa castellana del siglo de oro".
Arguedas decía ser un demonio feliz que hablaba quechua y español (poesía madre en quechua y prosa padre en español). Pero ¿llegó a ser verdaderamente un demonio feliz? ¿Al operar en contrapunto a través de estas dos líneas, el español y el quechua, dejó de frecuentar alguna otra probabilidad suya? Lo que nos preguntamos es: ¿no habría dentro de Arguedas un escritor del nuevo idioma, el quechuañol, un escritor de la oralidad andina que ni él mismo sabía que tenía dentro suyo? Hasta que lo descubrió demasiado tarde, tan al final que ya no tenía tiempo ni fuerzas para ser gran escritor de quechuañol peruano en el siglo XX. Sólo podía seguir siendo un Garcilaso tan extraviado como lo fue el primero de esa categoría. Es decir, un admirable escritor en prosa castellana que recuerda con nostalgia su oralidad materna.

[1] El concepto quechuañol (todavía en desarrollo) designa situaciones diferentes, pero también conexas de condominio lingüístico: a) verbalización en apariencia dominante del español, condominancia sintáctica del quechua; b) verbalización y sintaxis quechuas dominantes asociadas con irrupciones del español. Estas configuraciones no son exclusivas. Al contrario, pueden originar un tipo muy especial de heterogloxia (versión "bilingüe"): Quien emplea el quechuañol podría entonces, según las veces, optar por cualquiera de estas situaciones antes descritas, sin perjuicio que para ciertas ocasiones especiales nos encontremos frente a una heterogloxia "tridimensional"; el esfuerzo adicional y exitoso de purificar el quechua de todo elemento español para emplearlo en ocasiones ceremoniales, sin perjuicio de utilizar cualquiera de los otros quechuañoles. Todo depende del correspondiente escenario psico-lingüístico social. El empleo de estos tres tipos de quechuañol parece haber sido el caso de Carmelón Berrocal. Por otro lado, habría que considerar en el futuro la psicología del lenguaje: los contextos afectivo/racionales y otros asociados preferencialmente al empleo decualquiera de estas situaciones lingüísticas. Esta babilonia o laberinto sólo viene a serlo desde un punto de vista occidental en términos de Sí y No, cuando quizá habría que considerar las sugerencias hechas por De Bono y emplear una nueva lógica más allá del Sí y el No (El "quizá quiero, quizá no quiero" de la princesa inca).[2] La categoría de subordinación debe ser completada con la insubordinación que caracteriza hoy al modo como la oralidad invade a lo literario en el Perú. Nuestras lenguas subordinadas son lenguas en trance de insubordinación. El idioma español de mañana podría ser (convendría que fuese) un español achorado, levantisco. No quieren las lenguas nativas peruanas (no pueden) obedecer la normativa lingüística española. En esto la lengua insubordinada refleja una situación más general de toda la sociedad peruana. La Academia Peruana de la Lengua hace esfuerzos heroicos (inútiles) por defender su castillo de pureza en medio del océano de oralidad nativa en que está siendo sumergida. Con todo, tiene al igual que en todos los países hispanoamericanos, suficiente poder no para
impedir pero sí para retrasar la fragmentación del español. El castellano mismo habría demorado en surgir si en el siglo V d. C. hubiera existido una academia de la lengua latina dirigida desde Roma contra las imperfecciones vulgares de los nativos españoles. [3] No nos sintamos tan orgullosos de esa literatura que en el Perú es muy reciente. Walter J. Ong decía que "el homo sapiens existe desde 30 mil años, pero el escrito más antiguo data de apenas hace 6 mil años" y en el caso peruano ni siquiera tiene 500 años. De hecho, según el mismo autor, de docenas de miles de lenguas habladas en la historia del hombre sólo alrededor de 106 "han sido
plasmadas por escrito en un grado suficiente para haber producido literatura y sólo 78 de las 3 mil lenguas que hoy existen poseen una literatura".

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