sábado, 1 de enero de 2011

MEMETICA E HISTORIA.



Los hombres se equivocan, en cuanto que piensan que son libres; y esta opinión sólo consiste

en que son conscientes de sus acciones e ignorantesde las causas por las que son determinados. Su idea de la libertad es, pues, ésta: que no conocen causa alguna de sus acciones.
(Ética, 2/35e{a})[3]



En 1976 Richard Dawkins, etólogo de la Universidad de Oxford, dedicaba un breve capítulo de su obra El gen egoísta[4] a un nuevo concepto ideado por él: el “meme”[5]. Según Dawkins, un meme es un módulo de información contagioso que infecta y parasita la mente[6] humana, donde se replica y altera su comportamiento, provocando la propagación de su patrón. El control del fuego en las sociedades prehistóricas, la práctica de las diferentes religiones, la animadversión contra el mundo musulmán, las revoluciones del proletariado, caeteris paribus, tienen su origen en la transmisión de memes. La memética, por tanto, sería la ciencia que estudia los memes y sus efectos sociales, y ya empiezan a surgir trabajos de su aplicación a la biología evolutiva (Dawkins y Blackmore), a la filosofía de la mente (Daniel Dennett), a las ciencias sociales (Francis Heylighten), a la neurología (Delius), etcétera. Aun a riesgo de resultar pretencioso, el presente artículo inicia la aplicación de la ciencia memética al estudio de la Historia.
El ser humano evoluciona, tal y como indica Susan Blackmore[7], bajo la acción de dos replicadores, los genes y los memes. En eso nos distinguimos de los millones de especies que pueblan el planeta, y por eso sólo el ser humano puede ser objeto de estudio histórico. Este estudio de la Historia ha sido llevado a cabo principalmente por cuatro escuelas historiográficas: la “annaliste”, la marxista, la estructural-cuantitativista y la actual escuela posmodernista[8]. Dentro de esta última es donde se podría encuadrar el enfoque memético para el estudio de la historia, ya que guarda una estrecha relación con sus métodos, especialmente los de “Historia de los conceptos” e “Historia del tiempo presente”[9].
En las siguientes líneas nos proponemos esbozar unas reglas básicas, que deberán ser más elaboradas en el futuro, de lo que constituirá la aplicación de la ciencia mimética al estudio de la Historia. Dividiremos la exposición en dos aspectos: el teórico (constituido por el punto de vista filosófico y el metodológico) y el práctico.

1. La teoría de la historia intenta reflexionar sobre el trabajo del historiador, sobre su actividad y sobre su profesión. De forma más concreta, la teoría de la metodología intenta estudiar y analizar los métodos y técnicas de trabajo de forma abstracta. La metodología de la ciencia memética para el estudio de la historia se debe centrar en los tres elementos claves que explican la propagación de los memes: longevidad, fecundidad y fidelidad[10].
La longevidad hace alusión al tiempo de permanencia de un “meme” en el cerebro de una persona. Esta permanencia puede ser efímera, media o existencial.
En la sociedad contemporánea de la información hay una enorme cantidad de memes que intentan “invadir” mentes uno tras otro. El meme que invita a votar al político X es inmediatamente sustituido a golpe de mando de televisor por el que invita a votar al político Y. Los mass media, debido al exceso de información (lo cual facilita el olvido de la precedente[11]), y a la diversidad de la misma (permitiendo la convivencia de memes incompatibles entre sí, “matándose” unos a otros para “parasitar” el cerebro) provocan que los memes tengan una duración efímera. Cuanto más dure el meme mayor será su incidencia en el comportamiento de la persona, y por ende en el discurrir de la Historia[12].
Un ejemplo de existencia media de un meme explica el cambio de la mentalidad española en los años de la transición a la democracia. Personas “invadidas” con el meme del respeto por las instituciones del régimen franquista evolucionaron hacia una posición de respeto por la Constitución de 1978 en un lapso de duración, así denominada, media.
El apego a los miembros de la familia o la práctica de una determinada religión son conducidos por memes de una duración existencial en la persona, ya que, a la luz de la teoría memética,“parasitan” la mente a lo largo de toda la vida del individuo.
En segundo lugar, hay que analizar la fecundidad. Ésta es más importante que la longevidad, ya que alude a las tasas con que un meme se transmite de un cerebro a otro; puede morir la persona, pero el meme que ya ha fecundado a otras sigue existiendo. La fecundidad depende del medio ambiente en que se desenvuelven los memes; en un ambiente de desempleo las tasas de fecundidad de memes racistas serán mucho más elevadas que en ambientes de pleno empleo. Igualmente, el repentino cambio de la mentalidad de los estadounidenses cuando Japón invadió Pearl Harbor[13] se dio por una alta tasa de fecundidad que se explica, como indica Jacques Monod, de este modo: “la idea que confiera al grupo humano que la hace suya, más cohesión, ambición, confianza en sí, le dará de hecho un aumento de poder de expansión que asegurará la expansión de la misma idea. Este valor de promoción no tiene necesariamente relación con la parte de verdad objetiva que la idea pueda comportar”[14]. Además, los medios de comunicación de masas, auténticas fuentes de memes con enorme valor de fecundidad, ordenan la integración social de la conciencia conformando los caminos por los que ha de discurrir la Historia.
En tercer lugar, habría que tener en cuenta la fidelidad. Los memes a veces sufren pequeñas mutaciones cuando se transmiten, son poco fieles al meme original y por tanto se convierten en memes mutados, es decir, en nuevos memes. Un buen meme es aquel que se transmite fiel a sí mismo, que comunica la totalidad de su información al huesped. Dice Lynch que “la memética busca explicar la forma y predominio de las creencias actuales y cómo estas pueden cambiar en el futuro”[15]. Atendiendo a los condicionantes de la variabilidad memética y sus tasas de fidelidad, es posible entrever el futuro y explicar muchos acontecimientos del pasado. Por ejemplo, la reforma protestante se explica por el predominio en esa época de memes con escasa fidelidad al meme del catolicismo; estudiando esos memes y sus similitudes con otros que puedan existir en la actualidad, podría ser posible conocer las posibilidades de una nueva escisión religiosa en el futuro.

El segundo apartado del análisis teórico lo constituye el punto de vista filosófico. La reflexión filosófica intenta plantear cuestiones acerca del sentido, la finalidad de la historia o su función social. Ante este planteamiento, la ciencia memética indica que los seres humanos son “máquinas” de supervivencia de los genes y de los memes. Cuanto más capacitada esté una sociedad en mantener determinados memes, más proliferarán éstos y la historia discurrirá por los caminos que marquen los “contagios de pensamiento”.
Los historiadores contemporáneos estudian cada vez más cómo surgen grandes tendencias a partir de millones de “personas corrientes” y “pequeños acontecimientos” de la historia, dejando para los biógrafos la historia de los grandes hombres. Parece claro que una creencia se expande primero y gana partidarios de renombre más tarde. No es que Felipe II apoye la Inquisición, sino que la idea de quemar “infieles” se expande por la sociedad por “excitaciones cinéticas colectivas”[16] mucho antes de su institucionalización por el rey. Los memes invaden antes a las masas, aunque luego los episodios de relevancia histórica son catalizados por figuras con dominio económico, social o cultural. Del mismo modo, antes de una guerra ya imperan ciertos memes en el contexto donde se va a llevar a cabo; y es que la guerra, según Wilson, “surge a la vez de los genes y de la cultura, y que la mejor manera de evitarla es un conocimiento cabal de la manera en que estos dos modos de herencia interactúan dentro de los distintos contextos históricos” [17].
Obviamente la problemática estriba en conocer los memes imperantes en unas coordenadas espacio-temporales. Dice Dilthey[18] que “los hechos que forman los sistemas de cultura sólo pueden estudiarse por medio de los hechos que conoce el análisis psicológico”. En esto discrepamos con él, porque para sacar a relucir los memes dominantes en un período histórico la ciencia memética tiene vocación interdisciplinar y reclama la sinergia de la psicología, la ciencia histórica per se, las neurociencias, la inteligencia artificial y la matemática con el fin de pensar la historia de forma holística y de este modo aproximarse más a la verdad de los acontecimientos del mundo exterior[19].

2. Una vez esbozado el nivel teórico de la aplicación de la ciencia memética al estudio de la historia, iniciaremos, a modo de ejemplo, lo que podría constituir un trabajo histórico desde esta nueva perspectiva[20]. Para ello nos serviremos de las semejanzas que Samuel Huntington[21] encuentra entre el resurgimiento islámico contemporáneo y el inicio del protestantismo en el siglo XVI:
-Son reacciones frente al estancamiento y la corrupción de las instituciones existentes.
-Abogan por una vuelta a una forma de su religión más pura y exigente.
-Predican el trabajo, el orden y la disciplina.
-Apelan a la dinámica y emergente gente de clase media.
-Hay dos corrientes principales en cada una: luteranismo/calvinismo y fundamentalismo chiíta/sunnita.
Denominaremos a cada una de estas características “memes”. El estudio detallado de la preeminencia de estos memes en un momento histórico determinado puede explicar el surgimiento de ciertas instituciones y, en cierta medida, aventurar el futuro, o como indica Hempel, realizar “retrodicciones”[22] de lo que pudo haber sido el pasado.
Para descubrir la existencia de los memes en distintas épocas de la historia habría que acudir fundamentalmente a los textos escritos ya que es allí donde más claramente aparecen expresados esos memes y donde con más facilidad se puede analizar su fecundidad, fidelidad y longevidad. De todas formas, memes como “hay-que-tener-una-familia-numerosa”, “hay-que-trabajar-duro” o “hay-que-ir-a-la-guerra” se pueden detectar analizando los restos arqueológicos de las ciudades, atendiendo, grosso modo y respectivamente, a la amplitud de los hogares, al número de plantaciones o de negocios artesanales y a los restos de armamento.
Cuando en las fuentes se detectan reiteradamente los memes “hay-que ser-más disciplinado”, “hay-que-luchar-contra-la-corrupción-con-todos-los-medios”, “hay-que-ser-más-exigente-con-nuestra-religión”, etcétera, se puede inferir que antes o después surgirá un proceso similar al del protestantismo o al del resurgimiento islámico.
Los memes son los que conforman las leyes de la historia. Estas leyes son raramente explicitadas, aunque, a veces, inesperadamente, es posible leerlas[23]:
“A medida que las actividades del gobierno se extienden, mayor cantidad de personas desarrollan un interés profesional en la continuación y expansión de las funciones gubernamentales.
- La gente que tiene cierto trabajo no quiere perderlo.
- Los que se han acostumbrado a ciertas habilidades no reciben bien los cambios.
- Quienes se han habituado a cierto tipo de poder no desean abandonar su control”.
No es que las necesidades de supervivencia hagan que la gente se apegue al puesto, sino que ese apego viene determinado por memes que son puestos en circulación por las actividades del gobierno. No es que no quieran cambiar sus habilidades por simple adocenamiento, dejadez u holgazanería, sino por el dominio en la sociedad de memes como “hay-que-ser-sumiso” y “hay-que-ser-conformista”. No es que el ejercicio del poder provoque dependencia, sino que los poderosos son domeñados por el meme “buscar-la-manera-de-que-los-ciudadanos-siempre-me-necesiten-a-mí-y-al-estado”[24].

A modo de conclusión, la ciencia memética guarda ciertas similitudes con el mundo 3 de Popper y, por tanto, como el propio filósofo austríaco decía de su mundo[25], con el mundo de las ideas de Platón, con el espíritu objetivo de Hegel, con las “proposiciones en sí” de Bolzano y con el logicismo de Frege. Aún no presenta una normativa estricta de su método aunque para que una teoría, dice Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas, “sea aceptada como paradigma debe parecer mejor que sus competidoras pero no necesita explicar y, en efecto, nunca lo hace, todos los hechos que se puedan confrontar con ella” [26]. La recién nacida ciencia de la memética está en disposición de iniciar una revolución científica en diversos campos del conocimiento, entre ellos en la ciencia histórica. Eso sí, queda un enorme trabajo por delante.
¿Podrá constituirse como ciencia? Daniel Dennett dice que “es concebible (...) que algún día se descubra una identidad impresionante entre las estructuras cerebrales que almacenan la misma información, permitiéndonos identificar sintácticamente los memes”[27]. Por el contrario, Popper[28] puso de manifiesto las enomes dificultades que el método empírico-lógico tiene al enfrentarse con la Historia, y Carl Jung[29] admite que “lo inconsciente suele manifestar una inteligencia y una finalidad superiores a la comprensión consciente de que somos actualmente capaces”. Aunque la ciencia memética se presta con frecuencia a la especulación, su método, como ciencia que intenta ser, será empírico.
Así como la Teoría de la evolución no puede incorporar la totalidad de la historia biológica, la Teoría memética no puede incorporar la totalidad de la historia humana. Pero desde este paradigma se pueden explicar muchos acontecimientos que atañen al ser humano en su transcurrir por el mundo.
Ha presidido nuestro artículo una cita de Spinoza sobre la libertad. Nuestra intención es abrir un camino que deje de soslayar las leyes que imperan sobre nosotros (tanto físicas como espirituales), para conocernos mejor y, perdón por el oxímoron, sentirnos más libres, pues saberse preso, en cierta forma, es todo un síntoma de libertad en nuestro discurrir por la Historia.

BIBLIOGRAFÍA
Aróstegui, Julio, La investigación histórica: teoría y método, Crítica, Barcelona, 2001

Blackmore, Susan, “El poder de los memes”, Investigación y ciencia, diciembre, 2000 (ed. ingl. Scientific American, octubre 2000).

Dawkins, Richard, El gen egoísta. Las bases biológicas de nuestra conducta, trad. Juana Robles Suárez y José Tola Alonso, Salvat, Barcelona, 1993.

Dennett, Daniel C., La peligrosa idea de Darwin, trad. Cristobal Pera Blanco-Morales, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999.

Dilthey, Wilhem, Introducción a las ciencias del espíritu, trad. Julián Marías, Alianza, Madrid, 1980.

Hempel, La explicación científica, trad. Nestor Míguez et al., Paidós, Barcelona, 1988.

Huntington, Samuel, El choque de civilizaciones, trad. José Pedro Tosaus Abadía Paidós, Barcelona, 2001.

Jung, Carl, Psicología y religión, trad. T.M. de Brugger, Paidós, Barcelona, 1991.

Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, trad. Agustín Contín, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1990.

Lynch, Aaron, Thought Contagion, Basic Books, New York, 1996.

Maquiavelo, El príncipe, trad. Eli Leonetti Jungl, Espasa-Calpe, Madrid, 1993.

Ortega y Gasset, José, Una interpretación de la historia universal, Revista de Occidente, Madrid, 1966.

Popper, Karl, La miseria del historicismo, trad. Pedro Schwartz, Alianza, Madrid, 1983.
Conocimiento objetivo, trad. Carlos Solís Santos, Tecnos, Madrid, 1992.

Sloterdijk, El desprecio de las masas, trad. Germán Cano, Pre-Textos, Valencia, 2002.

Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, trad y ed. Atilano Domínguez, Trotta, Madrid, 2000.

Wilson, Edward O., Consilience. La unidad del conocimiento, trad. Joandomènec Ros, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 1999.


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[1] Correo electrónico de contacto: rafaelrobles@rafaelrobles.com Web: www.rafaelrobles.com
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[3] Spinoza, Ética, p 104.
[4] Richard Dawkins, El gen egoísta, pp 247-262.
[5] “Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, un sustantivo que conlleve la idea de una unidad de transmisión cultural, o una unidad de imitación. Mimeme se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a gen. Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mimeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relacione con “memoria” o con la palabra francesa même”. Ibid. p 251.
[6] Usaremos indistintamente cerebro y mente sin entrar en dualismos. Supondremos que la mente es el cerebro en funcionamiento
[7] Blackmore, Susan, “El poder de los memes”, p. 48.
[8] Aróstegui, Julio, La investigación histórica, pp 12 ss.
[9] La justificación rigurosa de esta afirmación ocuparía mucho más espacio del permitido en este artículo.
[10] Estos tres elementos los propone Richard Dawkins, Op. cit., p 253.
[11] Un meme que está olvidado deja de estar activo, con lo cual no influye en la conducta de la persona.
[12] Esta existencia efímera de memes explica la poca eficacia en las predicciones a través de encuestas en las elecciones políticas. Se infiere, por tanto, que los graves errores de las encuestas políticas no lo son de método, sino de desconocimiento de los factores que conducen a los memes.
[13] Este ejemplo lo sugiere Aaron Lynch, aunque no entra a analizarlo ni a relacionarlo con la fecundidad: Thought Contagion, p 37.
[14] Jacques Monod, El azar y la necesidad, p 157.
[15] Lynch, Op. cit., p 138.
[16] Término acuñado por Sloterdijk: El desprecio de las masas, p 11.
[17] Edward O. Wilson, Consilience, p 253.
[18] Wilhem Dilthey, Introducción a las ciencias del espíritu, p 96.
[19] Ortega y Gasset habla de un “mundo interior” (formado por símbolos que hipertrofian los órganos cerebrales, lo cual conlleva una hiperfunción mental) que nosotros asemejaremos a un “acervo memético”, y de un “mundo exterior” (en el que se desarrollaría la historia inducida por los memes). Una interpretación de la historia universal, p 280.
[20] No podremos evitar seguir deambulando por niveles de cierta abstracción ya que nuestra intención es meramente marcar unas pautas de trabajo. Lo ideal será realizar en el futuro un estudio práctico aplicando las técnicas del trabajo de campo, del estudio estadístico y de la lógica matemática.
[21] Samuel Huntington, El choque de civilizaciones, p 131.
[22] Hempel, La explicación científica, p 123.
[23] Ibid. p 238
[24] Este meme,antes inconsciente, fue sacado a relucir por Maquiavelo en 1513: El príncipe, p 81. La existencia del meme antes de la toma de conciencia por parte de la mente invita a proponer un estudio de la perspectiva histórica desde la panorámica de los juicios sintéticos a priori.
[25] Karl Popper, Conocimiento objetivo, p 106.
[26] Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, p 44.
[27] Daniel C. Dennett, La peligrosa idea de Darwin, p 582.
[28] Karl Popper, La miseria del historicismo.
[29] Carl Jung, Psicología y religión, p 68.

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