viernes, 5 de febrero de 2010

BOTOX PARA EL DOLOR


C. GARRIDO | MADRID Actualizado Viernes , 05-02-10 a las 12 : 04
Cuando oímos la palabra bótox automáticamente se nos viene a la mente la cara de algunas famosas, y cada vez más gente de la calle, que recurre a esta técnica con un fin estético. Borrar el código de barras, la arruguita del entrecejo o las patas de gallo, son algunos de los «milagros» de la toxina botulínica.

Lo que pocos saben es que más de la mitad de las intervenciones con bótox que se realizan en España tienen que ver con fines terapéuticos y no estéticos. Este tratamiento se ha convertido en la técnica no quirúrgica más demandada en nuestro país, según confirman los responsables del simposio internacional «Avances científicos en la aplicación médica de la toxina botulínica» organizado por la Fundación Ramón Areces en Madrid.
La toxina botulínica es en la actualidad «el fármaco con mayor número de aplicaciones médicas y estéticas», asegura el jefe de Dermatología de la Clínica Ruber, el doctor Ricardo Ruiz. «De hecho, más de la mitad de los tratamientos que se realizan en España con toxina botulínica son para indicaciones como la sudoración excesiva, migrañas, parálisis faciales, dolores crónicos, estrabismo, contracciones musculares, etc. », explica el doctor Ruiz.


Uno de los fármacos «más seguros»

La aplicación terapéutica del bótox tiene como mayor exponente las enfermedades neurológicas, aunque otro uso que está cobrando fuerza es en el tratamiento del dolor de diferentes orígenes. En estos casos, el mecanismo por el que la toxina es útil parece la «inhibición selectiva que esta hace de algunos componentes neuroquímicos no colinérgicos envueltos en la respuesta dolorosa», explica la doctora Mercedes Martínez, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario La Paz.

Donde más se han comprobado las bondades del bótox es en el tratamiento del dolor de origen músculoesquelético, aunque también hay experiencia de uso en cuadros de latigazo cervical, dolor miofascial a nivel cervical, dolor lumbar y síndrome del piramidel. También se utiliza cada vez más en casos de epicondilitis o fascitis plantar. Incluso, señala la doctora Martínez en su ponencia, la toxina parece haber tenido éxito en el tratamiento de la vejiga hiperactiva, reduciendo la frecuencia urinaria, o la sialorrea (exceso de saliva).

La función del bótox es evitar que el nervio dé la orden al músculo de que debe contraerse. Una vez inyectado, la toxina se localiza en las terminaciones nerviosas que reducen la actividad del mismo impidiendo la liberación de acetilcolina, un tipo de neurotransmisor que activa la contracción del músculo.

Además, «es uno de los fármacos más seguros del mercado, y los efectos adversos más graves producidos por una mala administración se reducen a una debilidad muscular temporal», señala el responsable del servicio de Neuropediatría del Hospital La Paz de Madrid, el doctor Ignacio Pascual, que asegura que este fármaco sorprende cada día con sus nuevas aplicaciones. «Incluso se podría decir que sería eficaz para tratar cualquier trastorno producido por contracciones musculares, como la espasticidad, o la parálisis facial», subraya el doctor Pascual.

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