sábado, 25 de septiembre de 2010

LOS GARBANZOS Y LA FELICIDAD.

Quizá nuestros antepasados ya intuían lo que hoy se sabe: los garbanzos contienen triptófano, un aminoácido precursor de la serotonina. Neurotransmisor que produce, entre otra cosas, sensación de bienestar.

Y es que unos científicos de la Universidad hebrea de Jerusalén acaban de descubrir, que los garbanzos tienen grandes cantidades de este aminoácido y varios estudios han demostrado, que la concentración de serotonina en el cerebro es directamente proporcional a la concentración de triptófano. Y que la ingesta dietética de triptófano influye directamente en la cantidad de serotonina en el plasma, el cerebro y en los niveles de todo el cuerpo.

Es decir a más triptófano, más serotonina, y a más serotonina, mayor sensación de felicidad.

Seguramente esto ya lo sabían nuestros antepasados, sino no se explica como prefirieron el garbanzo cultivado al silvestre, cuando eso les suponía un esfuerzo tan extraordinario. Se sabe que a finales de la edad de Bronce los garbanzos estuvieron presentes desde los Jardines Colgantes de Babilonia hasta la isla de Creta, donde se guardaban en grandes recipientes de barro para su conservación, pasando por las ofrendas fúnebres en los enterramientos de la isla de Chipre.

El nombre científico del garbanzo es ‘Cicer arietinum’ cuyo nombre deriva de cicer, que es el nombre latino de la cosecha y arietinum por la forma de ariete o espolón de su semilla y lo anecdótico es que hubo épocas en las que se asociaba al nombre de Marco Tulio Cicerón (106-43 a.), por pensarse que su apellido era consecuencia de tener una verruga en la nariz del tamaño de un garbanzo.

Con el tiempo y la riqueza de Roma este alimento fue perdiendo adeptos y ganando detractores, hasta llegar un momento en el que era símbolo de mal gusto, incluso Plauto hace referencias en una de sus comedias a los comedores de garbanzos como algo cómico. En España fue introducido por los cartagineses y se sabe que se recolectaba en Cartago Nova, introduciéndose enseguida a toda la península por ser una planta que, una vez seca su semilla, duraba mucho tiempo si no era atacada por el gorgojo.

Los primeros cristianos en el siglo III de nuestra era hacían fiestas en los cementerios para honrar a los difuntos, las cuales se llamaban "Parentalia" y que se celebraban desde del 13 al 21 de febrero, en estas fiestas los familiares llevaban ofrendas consistentes en vino, garbanzos, altramuces y habas, a tanto llegó su fama que se incluyó en las Feriae Publicae y fue el propio Quinto Séptimo Florencio Tertuliano el que tuvo que acabar con esta práctica.

A los garbanzos se le atribuyó durante mucho tiempo poderes afrodisíacos, tanto es así que se pensaba en la Edad Media, en Europa, que el consumo abusivo de esta gramínea era la causante del priapismo en los hombres. También esta leyenda se extendió a los países árabes en los cuales se pensaba que tomando un cocido hecho a base de cebollas pulverizadas, mezcladas con miel, a la cual se le agregaban los garbanzos también pulverizados y tomada dicha pócima poco antes de la llegada del invierno, darían al hombre una gran fuerza sexual. De igual forma el comer gran cantidad de garbanzos hechos con leche de camella y miel podía dar unos poderes sexuales especiales.

Y hoy sabemos que un bajo nivel de triptófano se relaciona con la depresión, la anorexia y se ha encontrado en muchos pacientes suicidas.

Y además también se sabe, que la deficiencia de niacina es muy común en el síndrome carcinoide y la niacina es, probablemente, un complemento necesario en cualquier enfermedad metabólica sospechosa de una carencia de triptófano, porque se forma a través del mismo. Y estos tumores pueden, a veces, inducir la formación de histamina, gastrina o bradiquinina presente en algunas psicopatologías. Las manifestaciones más habituales, incluyen la alucinación, la depresión, la ansiedad, el delirio y la demencia.

Este aminoácido se está empezando a utilizar, también, para la reducción del dolor (dolores de cabeza, dental y el dolor asociado con el cáncer).

El triptófano al estimular hormonas como la aldosterona, la renina y el cortisol, ayuda a combatir el insomnio, el estrés y en la postmenopausia. Los pacientes urémicos y los hipertensos se pueden beneficiar de los complementos de triptófano.

La administración de triptófano se ha asociado con una reducción del apetito en los pacientes deprimidos. Los complementos de triptófano pueden inhibir la gluconeogénesis, al elevar el azúcar sanguíneo, aumentar el aporte de glucosa al cerebro y disminuir el apetito. Por eso, además de ser útil como terapia adjunta de la hipoglucemia, se está utilizando contra la obesidad.

El metabolismo del triptófano requiere de una cantidad adecuada de biopterina, vitamina B6 y magnesio para hacer su función adecuadamente. Y la vitamina B6 también está involucrada en la conversión de triptófano en serotonina y en el metabolismo de otros metabolitos, por ejemplo, la quinurenina.

Se ha comprobado que las dietas altas en maíz pueden producir una deficiencia de triptófano y sus enzimas en tan sólo 2 días.

El triptófano es el aminoácido esencial menos abundante en los alimentos. Tiene una distribución inusual en ellos y la mayoría de las proteínas dietéticas son deficitarias en este aminoácido. El jamón y la carne contienen grandes cantidades de triptófano, así como las anchoas saladas, los quesos suizos y parmesanos, los huevos y las almendras. Por eso, los complementos de triptófano pueden ser de gran ayuda terapéutica.

El triptófano y su relación con el desarrollo cerebral y las alteraciones mentales, han despertado por estas razones, un gran interés para la Psiquiatría, convirtiéndose hoy día en el nutriente más estudiado por los investigadores.

La serotonina influye de tal manera en las alteraciones mentales, que su precursor, el triptófano, también ayuda en el tratamiento de manías, esquizofrenia o estrés crónico.

El triptófano ha demostrado, incluso, efectos positivos sobre la viabilidad del esperma humano.
Los garbanzos contienen gran cantidad de este aminoácido, de ahí que en Oriente Medio, donde una de las bases de su alimentación popular es el “humus” (potaje tradicional a base de garbanzos) los científicos hayan tenido en cuenta sus abrumadoras propiedades.

Los que lo toman aluden a lo inexplicable del estado de bienestar que les causa un buen plato de humus. Pero no es inexplicable, ello es debido a las enormes cantidades de triptófano que ingieren (los garbanzos contienen tres veces más triptófano que el resto de los alimentos).


El equipo de investigadores que ha hecho tal descubrimiento comenzó hace cinco años a estudiar los garbanzos, porque les extrañaba que una legumbre tan rara y difícil de cultivar, al contrario que otras como las lentejas, se empezara a cultivar hace 11.000 años.

Es muy curioso que los granjeros del neolítico se preocupasen por cultivar garbanzos con éxito, cuando podían cultivar otras legumbres mucho más fácilmente… Tuvieron que transformarla de una cosecha de invierno a una de verano, para evitar así los estragos de un hongo llamado Ascochyta. Y si esto hoy día es difícil, cuánto más les tuvo que costar hace más de diez mil años.

Y la pregunta que se hicieron fue: ¿por qué?, ¿por qué esforzarse tanto? Un trabajo tan duro sólo se hace por una razón: ellos ya intuían que los garbanzos tenían algo que ninguna otra legumbre tenía, algo tan valioso y único que merecía la pena luchar por cultivarlos.

Y miles de años más tarde, el tiempo les da la razón, consiguieron una de las recetas de la felicidad: los garbanzos.
http://www.spactualmagazine.com/articulo_item.php?numero=34


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